La Directora de Carta de la Tierra Internacional Mirian Vilela recientemente 
recibió el premio “Espíritu de las Naciones Unidas del Comité de ONG sobre Espiritualidad, Valores y Preocupaciones Globales” en Nueva York. El premio fue otorgado a Vilela al comienzo de la Semana de Espiritualidad, Valores y Preocupaciones Globales.
En honor del aniversario de las Naciones Unidas, la Semana de Espiritualidad, Valores y Preocupaciones Globales fue creada en octubre de 2007 para promover el crecimiento de una cultura de paz en la que “nosotros, pueblos del mundo” podamos afrontar juntos los desafíos comunes de manera holística, positiva y transformadora. Las actividades de la Semana reconocen que la espiritualidad y la adhesión a unos valores universales, como los expresados en la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración de Derechos Humanos, son claves esenciales para proveer soluciones a los problemas globales.
El Comité de ONG sobre Espiritualidad, Valores y Preocupaciones Globales (NY) (CSVGC-NY) ha creado el Premio “Espíritu de las Naciones Unidas” y es una oportunidad para reconocer y agradecer a las personas cuyo trabajo es una expresión de estos principios fundamentales, el espíritu y la visión en la que las Naciones Unidas y la Semana de Espiritualidad, Valores y Preocupaciones Globales se funda.
La Sra. Vilela estuvo presente en Nueva York en la Iglesia Central al lado de la sede de las Naciones Unidas para la ceremonia del 20 de octubre de 2014. Rick Clugston, antiguo miembro del Consejo de la Carta de la Tierra, fue el encargado de presentarla.

La Sra. Vilela aceptó con gracia y gratitud el premio en representación de la Iniciativa de la Carta de la Tierra y de todos aquellos que han contribuido y los que actualmente contribuyen a hacer de la visión de la Carta de la Tierra una realidad.
A continuación puede encontrar el contenido del discurso de la Sra. Vilela al recibir el Premio Espíritu de las Naciones Unidas:
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Es un gran honor recibir el Premio Espíritu de las Naciones Unidas. Me siento profundamente agradecida y halagada de que el Comité sobre Espiritualidad, Valores y Preocupaciones Globales nos ofrezca tan significativo reconocimiento, que recibo en representación de todas aquellas pasadas, presentes y futuras generaciones involucradas en el Movimiento Carta de la Tierra.
Un gran trabajo y un gran movimiento necesitan de una visión compartida y de la colaboración entre varias generaciones y muchas personas, porque a menudo, grandes objetivos y visiones no pueden alcanzarse en una sola generación o por un pequeño grupo. La visión de la Carta de la Tierra fue iniciada a finales de los años 80 por líderes clave de aquellos tiempos: Maurice Strong, Jim MacNeill, Tommy Koh… y luego, en los años 90, más visionarios se unieron a este esfuerzo: Ruud Lubbers, Steven Rockefeller, Rick Clugston, Junie Kalaw, Kamla Chowdhry y muchos otros, cada uno adoptando esta visión compartida de la importancia de crear una Carta de la Tierra. Muchos otros se unieron a medida que el tiempo pasaba para contribuir con su propia voz, ritmo y olor. Esto es como construir un enorme monumento a través de muchos años. Por ello necesitamos honrar a las generaciones pasadas como presentes.
El año que viene celebraremos el 15º aniversario del lanzamiento de la Carta de la Tierra (bajo el slogan “Una Comunidad de la tierra, Un Destino Común”); también el año que viene se lanzarán los Objetivos de Desarrollo Sostenible, significando la importancia siempre creciente y el reconocimiento del desarrollo sostenible como un concepto global para la gobernanza, la administración medioambiental, y la equidad social y económica. Ésta es una buena señal para el progreso del movimiento de desarrollo sostenible, pero también hay señales claras de que los fuertes valores éticos de la Carta de la Tierra siguen desempeñando un gran papel en informar el proceso en curso y en reforzar su validad moral.
En el corazón de la Carta de la Tierra se encuentran los valores del respeto y el cuidado, que coinciden con las aspiraciones de las Naciones Unidas. La Carta de la Tierra concibe sociedades que actúan con compasión unas con otras y con el resto de la comunidad de la vida en la Tierra. Integrados entre estos valores se encuentran, a la vez explicita e implícitamente, valores que reflejan la naturaleza espiritual de las aspiraciones de las Naciones Unidas y de las esperanzas de los individuos y las sociedades alrededor del mundo.
El segundo párrafo del preámbulo de la Carta de la Tierra dice: “La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado”. Un deber sagrado. La implicación de esta sentencia asigna la responsabilidad de la compasión, del cuidado y de la administración para toda la vida y por siempre a una parte de la experiencia humana que es indefinible sin un sentimiento espiritual.
El preámbulo prosigue: “El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.” Reverencia, gratitud, humildad. Estos términos engloban la práctica espiritual que es el corazón de la Carta de la Tierra, que quiere reforzar las conexiones humanas y las interconexiones entre nosotros, nuestras sociedades, y todas las otras formas de vida con las que compartimos la Tierra.
Estos valores están vinculados con la intención fundamental de las Naciones Unidas, y deberían seguir informando a la ONU y a sus procesos e iniciativas, incluyendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El espíritu de la Carta de la Tierra puede y debe ayudarnos a guiar estos esfuerzos vitales para hacer que nuestro mundo sea más sostenible, justo y pacífico.
Carta de la Tierra Internacional recientemente inauguró, en este espíritu, el Centro de la Carta de la Tierra para la Educación para el Desarrollo Sostenible en Costa Rica, en la Universidad para la Paz. Este Centro quiere profundizar la compresión de los estudiantes y de los participantes en los programas de una visión global y una práctica que la Carta de la Tierra articula, y construir el conocimiento, las competencias y las actitudes, y valora la necesidad de los participantes de formar un futuro sostenible. Continuamos persiguiendo estos objetivos nobles con pasión, visión y esperanza.
Ha sido un privilegio estar involucrada en el Movimiento de la Carta de la Tierra y ser capaz de contribuir en este empeño y esta visión compartida de una ética global.
Quiero agradecerles de nuevo por este honor y terminar compartiendo con ustedes la visión del mundo que la Carta de la Tierra articula: “Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común.”

