Por Mariana Moraes Martins Morgenroth
El Llamado de la Naturaleza y el Despertar de la Educación
En un mundo que clama por equilibrio, donde los desafíos ambientales se intensifican y la desconexión humana con la naturaleza se profundiza, la educación sigue siendo el camino más potente hacia la transformación. Mi tesis de maestría, defendida en 2024 en el Centro Universitario de Lisboa, buscó responder a una pregunta fundamental: ¿cómo puede la educación infantil ser un vínculo para revertir esta desconexión, inspirada en el llamado de la Carta de la Tierra?
Titulada “¿Qué enseña la naturaleza? El entrelazamiento curricular de la Carta de la Tierra en una escuela de educación infantil en el contexto brasileño”, mi investigación no solo propuso, sino que demostró en la práctica que un currículo con la naturaleza como eje central es viable y urgentemente necesario. Este artículo busca compartir los pilares de este recorrido, destacando la Carta de la Tierra como la brújula fundamental que guió cada paso de esta experiencia educativa.
La frase de David Sobel — “Den a los niños la oportunidad de amar la Tierra antes de pedirles que la salven” — sintetiza la esencia de mi trabajo. Se trata de crear oportunidades de aprendizaje para que las nuevas generaciones puedan convertirse en agentes de cambio, rescatando la premisa de que somos seres vivos que formamos parte de una casa común, la cual debemos habitar en una relación más ética y respetuosa, desde la primera infancia.
La Urgencia de la Reconexión: ¿Por Qué la Naturaleza Necesita Enseñar?
Nuestra relación con la naturaleza, antes armónica y de subsistencia, se transformó en una dinámica de dominación utilitaria, especialmente después de las revoluciones industrial y tecnológica. Esta perspectiva antropocéntrica ha generado un desequilibrio sin precedentes, manifestado en crisis climáticas y pandemias, cuyos impactos son cada vez más evidentes.
Como describe Morgenroth (2025), la humanidad se ha distanciado “gradualmente de la madre naturaleza, que pasó a ser vista desde una óptica puramente utilitaria y orientada al progreso” (p. 11). Esta alienación genera lo que Richard Louv denominó “Trastorno por Déficit de Naturaleza”, con profundas implicaciones para el desarrollo cognitivo, físico, emocional y social de los niños.
Sin embargo, es precisamente en la infancia donde reside la mayor esperanza. Los niños, con su “integridad y esencia”, tienen el potencial innato de rescatar esta relación intrínseca y familiar con la naturaleza (Morgenroth, 2025, p. 11). La pregunta central de mi investigación fue, por lo tanto, cómo catalizar esta reconexión mediante un proyecto de intervención curricular, utilizando la Carta de la Tierra como guía. La respuesta, como pude observar, está en la integración de valores y principios éticos que reconocen la interdependencia de toda la vida.
La Carta de la Tierra: La Brújula Ética para la Educación Infantil
En el núcleo de mi estudio, la Carta de la Tierra emerge no solo como un documento, sino como un instrumento orientador, una verdadera brújula ética para la construcción de una sociedad más justa, sostenible y pacífica. Sus cuatro pilares — Respeto y Cuidado de la Comunidad de Vida, Integridad Ecológica, Justicia Social y Económica, y Democracia, No Violencia y Paz — proporcionan un marco sólido para una educación que trasciende la mera transmisión de contenidos.
Morgenroth (2025) enfatiza que la Carta “extiende una invitación a todos los habitantes del Planeta Tierra a actuar y a tener esperanza en la posibilidad de cambio y transformación”, aclarando la necesidad de “promover una ética global que reconozca la interdependencia global entre todos los seres vivos” (p. 20). Este llamado resuena poderosamente en el campo de la educación, invitando a los educadores a reevaluar sus currículos y prácticas.
Más allá de ser un llamado a la acción, a lo largo de la investigación fue posible percibir cuán inspiradora es la Carta de la Tierra para el desarrollo del pensamiento crítico, el diálogo intercultural, el compromiso activo con cuestiones ambientales y el empoderamiento de los estudiantes como agentes de cambio. En este sentido, la Carta se convierte en un documento orientador que refuerza la necesidad de un “compromiso colectivo para educar ciudadanos planetarios” (Morgenroth, 2025, p. 23), haciendo de la interdependencia entre los seres humanos y el medio ambiente un pilar central en la educación infantil.
“¿Qué Enseña la Naturaleza?”: El Proyecto en Acción en la Escuela Cresça e Apareça
Para materializar esta visión, apliqué la metodología de investigación-acción en la Escuela Cresça e Apareça, en Salvador, Bahía, donde me desempeño como directora. Esta elección metodológica fue crucial, permitiendo una actuación simbiótica entre la práctica profesional diaria y la producción de conocimiento científico (Morgenroth, 2025, p. 36).


El proyecto de intervención curricular, titulado “¿Qué enseña la naturaleza?”, fue implementado en todos los grupos de Educación Infantil (0 a 5 años) a lo largo de 2024. Su relevancia se ancló en el concepto freireano de lo “inédito viable”: la posibilidad concreta de transformación a partir de acciones conscientes. En lugar de que la naturaleza fuera un mero telón de fondo, se convirtió en el eje fundamental del currículo.
El entrelazamiento curricular fue la clave, uniendo los campos de experiencia de la Base Nacional Común Curricular (BNCC), los derechos de aprendizaje y desarrollo y, crucialmente, los principios de la Carta de la Tierra, con la línea de investigación de cada grupo, siempre a partir de los intereses y curiosidades de los propios niños.
Consideraciones Finales y el Legado de la Carta de la Tierra
La implementación de la Carta de la Tierra en la Escuela Cresça e Apareça, aunque desafiante — especialmente en lo que respecta a la adaptación de modelos tradicionales por parte del profesorado y a la sistematización de la documentación — reveló la resiliencia y la capacidad de superación de una comunidad escolar comprometida. La creación de un entorno de cooperación y confianza fue esencial para el éxito (Morgenroth, 2025, p. 81).
Para la continuidad y replicación de este modelo, la tesis sugiere la institucionalización de las prácticas mediante la revisión del Proyecto Político-Pedagógico (PPP), con un enfoque explícito en los principios de la Carta de la Tierra, y la inversión continua en la formación de educadores. “La sostenibilidad de este proyecto reside en la capacidad de la escuela para proteger y fortalecer este enfoque, convirtiéndolo en una parte inseparable de su identidad educativa” (Morgenroth, 2025, p. 83).
La experiencia de la Escuela Cresça e Apareça es un testimonio vivo de que la Carta de la Tierra no es solo una declaración, sino una herramienta práctica y poderosa capaz de transformar currículos, escuelas y, sobre todo, la forma en que los niños se relacionan con el mundo. Al adoptar la Carta de la Tierra como nuestra brújula, estamos enseñando sobre el planeta y formando ciudadanos que verdaderamente se perciben como parte integral de una comunidad de vida, comprometidos en la construcción de un futuro sostenible.
Como admiradora de Paulo Freire, reitero la creencia en lo “inédito viable” de una educación transformadora. No tenemos un “planeta B”; nuestro compromiso es cuidar el planeta que tenemos, mantenerlo vivo y saludable. Y, en ese camino, la educación guiada por la Carta de la Tierra es, sin duda, la ruta más prometedora.

Mariana Moraes Martins Morgenroth es Magíster en Administración Educativa y Regulación de la Educación (Centro Universitario de Lisboa) y Directora de la Escuela Cresça e Apareça, Salvador, Bahía.

