10.2.2025

¿Cómo movilizar y potenciar la acción colectiva en esta sociedad de riesgo?

Rose Marie Inojosa, asesora CTI y docente del Centro de Educación

Esta es, de hecho, una sociedad de riesgo, un momento en el que tormentas y fuegos reales y virtuales se acumulan en el horizonte de la vida en la Tierra, extinguiendo o amenazando a muchas especies, incluidos los seres humanos. Ha sido un proceso lleno de sufrimiento, que afecta primero a las personas más vulnerables, pero que ha impactado y seguirá afectando inevitablemente a todas y todos.

Durante décadas, la humanidad ha dado algunos pasos hacia el respeto por las diferentes formas de vida en el planeta y la diversidad humana, emprendiendo tanto acciones de bienestar como emancipatorias para las poblaciones vulnerables. Ha trazado un camino de progreso, aunque fragmentado en grupos dedicados a aspectos específicos de nuestros desafíos compartidos. Sin embargo, en este recorrido aún no se han abordado los problemas fundamentales: el crecimiento de la desigualdad y la continuidad de prácticas que alimentan el calentamiento global y el cambio climático. Parece que, cuanto más dispersos estamos, más perdemos nuestro poder.

En la actualidad, ha surgido una inquietante reacción subterránea que ha provocado grandes retrocesos en la agenda de comprensión y práctica del respeto por la vida. Ha traído más guerras, negacionismo climático, rechazo a la ciencia en general, desprecio por la diversidad, preferencia por la concentración de la riqueza, violencia, desigualdad más profunda y el uso intensivo de las redes sociales para difundir mentiras, odio y prejuicios.

Muchas botas han pisoteado las semillas de transformación que una parte de la humanidad ha cultivado pacientemente. Destruyen los campos, burlándose de los esfuerzos.

En este momento, nos encontramos en una encrucijada entre la barbarie anunciada de un mundo de unos contra todos, o la valiente recuperación y profundización del camino hacia el respeto por la vida.

Quienes apostamos por la vida necesitamos una acción consistente y poderosa, un fundamento ético que nos movilice y nos una en torno a un compromiso común, uno que contemple la interrelación de todas las dimensiones de la vida en la Tierra como posibilidad para su regeneración y sostenibilidad.

La propuesta ética de la Carta de la Tierra puede cumplir este papel, ya que pone el foco en el punto crucial para la movilización: el respeto por la vida, por todos los seres y por todas las formas y modos de vida. Vincula la dimensión de la regeneración ecológica con la justicia social, económica y ambiental, así como con la democracia, la paz y la no violencia. Es un enfoque integral que reconoce la interdependencia y la necesidad de una perspectiva integradora que abarque la complejidad de la vida y de este momento histórico.

La Carta de la Tierra, como semilla de transformación lanzada hace 25 años, está lista para este momento crucial de la humanidad. La tierra está regada con sangre y lágrimas. Se necesita una acción humana colectiva, intencional, poderosa y responsable para calentar esta semilla y permitir su germinación transformadora.