Artículo por Raquel Baboolal sobre sus experiencias luego del programa ejecutivo de educación para el desarrollo sostenible del Centro Carta de la Tierra impartido en junio 2014:
Recientemente cursé el programa ejecutivo llamado “Education and Values for Sustainable Development: Teaching What Really Matters” del Centro
Carta de la Tierra de Educación para el Desarrollo Sostenible en la Universidad para la Paz en Costa Rica. Participé en el curso para aprender sobre el desarrollo curricular, debido a mi interés personal en desarrollo de programas educativos sobre desarrollo sostenible que nacen en un marco ético y que enfatizan la importancia del medio ambiente.
En efecto, este fue un tema que surgió durante el curso de mis estudios en la Universidad de Columbia, iniciando con mi experiencia de realizar talleres de danza para niños desfavorecidos en un programa después de lecciones en las afueras de la Ciudad del Cabo, Sur África en el 2008. Esta fue mi primera exposición a condiciones extremas de degradación Ambiental y exclusión social. Cuando vi los problemas de alcantarillados, de basureros en los patios y la falta de tendido eléctrico de los vecindarios de mis estudiantes, entendí que su estatus de marginación social no podía separarse de las condiciones tóxicas en las cuales eran obligados a vivir. Sentí cierto nivel de responsabilidad pero en el momento no estaba segura de cómo abarcarlo.

Desde entonces he buscado un marco para entender estas experiencias, a pesar de que vivo en la ciudad de Nueva York, que a grandes rasgos es la síntesis del materialismo y el consumismo basado en el exceso y no la necesidad. Una particular discusión que tuve en una clase de Ética para el Desarrollo Sostenible, con la profesora Adela Gondek en la Universidad de Columbia, se me viene a la mente. He llegado a realizar que la insaciabilidad de la sociedad del oeste, su necesidad de auto-glorificarse a través de las posesiones es la responsable de la destrucción de los ecosistemas alrededor del mundo. Empecé a ver las dimensiones morales del consumismo excesivo, en que en un mundo globalizado e interconectado, una compra realizada en una cadena de tiendas en el lado Oeste de la ciudad de Manhattan afecta la realidad diaria de miles de personas en el mundo. Las causas de los barrios marginales en Sur África habían sido reveladas ante mí.
El programa de la Carta de la Tierra vino en el momento indicado en el sentido en que me ayudó a encontrar otra pieza del rompecabezas con respecto a comunicar conceptos complejos tales como el Desarrollo Sostenible. Los líderes del curso de la Carta de la Tierra, Sam Crowell y Mirian Vilela, poseen ambos mucho conocimiento y colaboran impecablemente. El uso de la Carta de la Tierra como contexto para la enseñanza del curso y el desarrollo curricular del mismo fue particularmente oportuno ya que señala la necesidad de la consideración hacia los demás, la integridad ecológica y la justicia económica y social. El campus de la UPAZ, en donde se llevó a cabo el curso de la Carta de la Tierra, es muy hermoso y constituyó el escenario para crear un ambiente de fácil aprendizaje y un cambio muy bienvenido. Experimenté como la abundancia de la naturaleza, preservada y respetada adecuadamente, puede sostener las necesidades de las comunidades y que todas las formas de vida son interdependientes las unas de las otras y son de valor para el mundo, sin importar su función específica.
Particularmente disfruté de rituales diarios tales como iniciar el día al aire libre con un sentido ¨BUENOS DÍAS¨ y el uso de la danza y el contar historias para ilustrar los principios y conceptos de la Carta de la Tierra. Trabajar en grupos fue muy efectivo al participar en el liderazgo, trabajo en
equipo y al compartir buenas ideas y prácticas. El enfoque ¨dócil¨ en la forma de enseñar y aprender fue una novedad bienvenida para mí, luego de estar acostumbrada a entornos académicos y profesionales más rígidos. Fue un placer conocer a educadores y profesionales que participaron en el curso y que vinieron desde México, Brazil, Australia y de Costa Rica. Carolina Carrillo, profesora de inglés y de Educación Ambiental, compartió con nosotros durante el curso la forma como ella conduce sus clases en la naturaleza en la escuela CEUNA en Costa Rica y el impacto positivo que esto ha tenido en sus estudiantes tanto a nivel académico como a mejorar la confianza y amabilidad de sus estudiantes, y el trabajo en equipo. Esto me impactó ya que considero que la Educación Ambiental es un aspecto fundamental en el desarrollo humano y fue muy alentador escuchar que esto puede cultivar una sociedad sana y consciente.
En mi propia vida, al perder a mi padre cuando tenía solo seis años, dos cosas me salvaron: mi amor por el aprendizaje y por la música. Fui bendecida con buenos profesores. Lo más profundo del teatro y la música es que, en el escenario, las limitaciones de clase social y diferencias raciales eran olvidadas y podía expresarme por completo sin sufrir prejuicios. Me complace ver que el uso del movimiento, del arte y del teatro se utilice en el Centro Carta de la Tierra, así como la enseñanza de los profesores de sensibilidad particular hacia las necesidades de los niños. Tengo la intención de incorporar la Carta de la Tierra y los métodos utilizados en el curso en mis talleres futuros en mi esfera de trabajo y al desarrollar políticas ambientales para implementarse en países en vías de desarrollo.

De este curso pude ver claramente lo que faltaba en términos de apoyo a comunidades vulnerables de Sur África y cómo políticas ambientales y de sostenibilidad pueden beneficiar el desarrollo económico en la ciudad de Nueva York y otros lugares del mundo. Realmente recomiendo este programa, no sólo a profesionales en educación y profesores, sino también a profesionales en el sector público y privado, de organizaciones no gubernamentales, y gobiernos, ya que representa un esfuerzo colectivo y llama a la acción ética requerida para abarcar los desafíos globales que se presentan hoy en día para alcanzar el desarrollo sostenible que nos beneficiará a todos.

